Resumo: Las relaciones entre memoria y olvido en
tiempos de guerra, y el papel de los medios en los modos de recordar y
olvidar. De ahí las dos partes de este texto: una primera
sobre la principal tarea que la sensibilidad fin de siglo parece
haberle encomendado a los medios masivos: la de fabricar presente;
y una segunda sobre las paradojas que produce la guerra en las relaciones
del recordar con el olvidar.
Palavras chave: Medios; Olvidos; Desmemorias;
Memoria; Guerra
Abstract: War time relationships between memory
and forgetfulness, and the role of media in the ways of remembering and
forgetting. From there the two parts of this text: first on the main task
the fin de siècle sensibility seems to have ordered with mass media:
to manufacture present; and another on paradoxes the war produces
on the relationships of remembering with forgetting.
Keywords: Media; Forgetfulness; Unmindfulness;
Memory; War
El tema es estratégico para el momento
que vive el país, a la vez que nos permite retomar una de
las reflexiones más fecundas de los países del sur en los
últimos años, el de las relaciones entre memoria y olvido
en tiempos de guerra, y el papel de los medios en los modos de recordar
y olvidar. De ahí las dos partes de este texto: una primera
sobre la principal tarea que la sensibilidad fin de siglo parece
haberle encomendado a los medios masivos: la de fabricar presente;
y una segunda sobre las paradojas que produce la guerra en las relaciones
del recordar con el olvidar.
1. Un siglo que perdió la memoria
Dedicados a fabricar presente los medios masivos
nos construyen un presente autista, esto es que cree poder bastarse
a sí mismo. ¿Qué significa esto?. En primer
lugar, que los medios están contribuyendo a un debilitamiento
del pasado, de la conciencia histórica, pues sus modos de referirse
al pasado, a la historia, es casi siempre descontextualizándola,
reduciendo el pasado a una cita, y a una cita que no es más que
un adorno para colorear el presente con lo que alguien ha llamado 'las
modas de la nostalgia'. El pasado deja de ser entonces parte de la memoria,
de la historia, y se convierte en ingrediente del pastiche,
esa operación que nos permite mezclar los hechos, las sensibilidades
y estilos,los textos de cualquier época aisladamente,
sin la menor articulación con los contextos y movimientos de fondo
de esa época. Y un pasado asi no puede iluminar el presente,
ni relativizarlo, ya que no nos permite tomar distancia de lo que estamos
viviendo en lo inmediato, contribuyendo asi a hundirnos en un presente
sin fondo, sin piso, y sin horizonte. Los medios están asi reforzando
-no creando, pues los medios sólo catalizan, refuerzan
y alargan, las tendencias que vienen de los movimientos de lo social-
la sensación postmoderna de la muerte de las ideologías y
sobretodo de las utopías,porque ambas se hallan ligadas a otra temporalidad
más larga, que hoy es emborronada por la pérdida de aquella
relación con el pasado que nos proporciona la conciencia histórica.
La fabricación de presente, está implicando también una profunda ausencia de futuro. Catalizando la sensación de "estar de vuelta" de las grandes utopías, los medios se han constituido en un dispositivo fundamental de instalación en un presente contínuo, en una secuencia de acontecimientos, que, como dice el politólogo chileno Norbert Lechner, "no alcanza a cuajar en duración". En lugar de trabaja los acontecimientos como algo que sucede en un tiempo largo o por lo menos mediano, los medios presentan los acontecimientos sin ninguna relación entre ellos, en una sucesión de sucesos -valga lo que ahí hay de redundancia como síntoma del autismo de que hablaba antes- en la que cada acontecimiento acaba borrando al anterior, disolviéndolo, e impidiendonos por tanto establecer verdaderas relaciones entre ellos. Y asi, añade Lechner, se nos hace imposible construir proyectos:"Hay proyecciones pero no proyectos", algunos individuos se proyectan pero las colectividades no tienen donde asir los proyectos. Y sin un mínimo horizonte de futuro no hay posibilidad de pensar cambios, haciendo entonces que la sociedad patine sobre una sensación de sin-salida. Si la desesperanza de nuestra gente joven es tan honda es por que en ella se mixturan los fracasos del país por cambiar con esa sensación, más larga y general, de impotencia que la ausencia de futuro introduce en la sensibilidad fin de siglo.
Asistimos a una forma de regresión que nos saca de la historia y nos devuelve al tiempo del mito, que es el de los eternos retornos, y en el que el único futuro posible es entonces el que viene del "mas allá", no un futuro a construir por los hombres en la historia sino un futuro a esperar que nos llegue de otra parte. Es de eso de lo que habla el retorno de las religiones, de los orientalismos nueva era y los fundamentalismos de toda laya. Es la nueva edad media que atisbaron, y de la que empezaron a hablar Eco y sus amigos al comienzo de los años setenta. Un siglo que parecía hecho de revoluciones -sociales, culturales- termina dominado por las religiones, los mesias y los salvadores: "el mesianismo es la otra cara del ensimismamiento de esta época" (N. Lechner). Ahí está el reflotamiento descolorido pero operante de los caudillos y los pseupopulismos.
Este es la primera clave: los medios no nos están ayudando a anclar en la historia lo que nos pasa, para desde allí dibujar algún futuro, sino que, en conjunto, los medios debilitan el pasado y diluyen la necesidad de futuro. Claro que hay mucho por matizar, pues mientras la prensa, alguna prensa al menos, intenta aun enlazar los hechos, hilarlos, ponerlos en contexto, la radio y especialmente la televisión trabajan sobre la simultaneidad de tiempos y la instantaneidad de la información que, posibilitadas por las tecnologias audiovisuales y telemáticas, se han convertido en perpectiva, esto es en modo de ver y de narrar. Los medios audiovisuales aplastan la temporalidad sobre la instantaneidad. A lo que hoy llaman los medios actualidad es a la toma en directo o sus equivalentes. Y esa simultaneidad entre acontecimiento e imagen, entre suceso y noticia, es la que le exige a la radio o la televisión cortar cualquier programa para conectarnos con el presente de lo que está pasando -atención a ese verbo pasar, pues se trata de un presente que no tiene reposo sino que pasa y pasa, a toda velocidad- exigiendo tambien que el tiempo en pantalla de cualquier acontecimiento sea tambien instáneo y equivalente: tanto dura una masacre de capesinos como un suceso de farándula, pues en la economia del tiempo de la televisión valen lo mismo !. Extraña economia la de la información en radio o televisión según la cual su costo en tiempo implica que la información -como la actualidad- dure cada vez menos. Hasta hace un siglo "lo actual" se media en tiempos largos, pues nombraba lo que permenecia vigente durante años, pero despues la duración se fue acortando, estrechando, y acabó dándose como eje la semana, despues el dia, y ahora lo actual es el instante -incesantemente repetido- en que coinciden el suceso y la cámara o el micrófono. O quizas sea al reves: lo actual es el instante que la cámara convierte en suceso. Cómo diferenciarlos?.
Vivimos asi inmersos en un presente cada vez más delgado,o como dirian los tecnólogos más comprimido, pues uno de los logros mayores del desarrollo tecnológico, a partir de la fibra óptica, es la compresión ( ¡no confundir con comprensión!), pues de lo que se trata es de meter, y hacer circular, el máximo de información en el mínimo de espacio, en el mínimo de espesor material. Resulta bien sintomático que lo que pasa en el plano tecnológico de la información -la compresión posibilitando unos computadores a la vez más pequeños y con mayor capacidad de almacenamiento a partir de unos chip cada vez más diminutos y potentes- nos este dando la pauta a la hora de configurar los criterios con que valoraramos la información social, política, cultural. Lo que trasladado al campo de la memoria significa que la que ahora vale ya no es la de "los viejos de la tribu", la memoria cultural, que es no acumulativa sino conflictiva, articulada sobre los tiempos largos de la historia y preñada de sentido, sino la que cabe en el computador, la memoria instrumental y operativa.
El tiempo-de-los-medios comprime la información, la condiciona, y la moldea de dos maneras. Primero, transformando el costo del tiempo en el medio -televisión o radio- en el condicionante decisorio de la estructura de los noticieros. Lo que implica una perversión radical: todo vale igual en un noticiero!. Nada merece durar más. Yo me acuerdo de que QAP "nació" con un comercial que hacía García Márquez diciendo: 'Colombia va a dejar de mirarse al ombligo'. Y asi fue durante unas pocas semanas: dandole a ciertas noticias internacionales hasta 10 minutos, lo cual era absolutamente escandaloso en este país; pero muy pronto eso se acabó, y nos volvimos a encontrar que, cómo en los demás, todo volvia a durar igual pues todo acabó resultando equivalente, la masacre de Mitú y el vestido que le hizo Barraza a la reina, ambos tuvieron derecho al mismo tiempo. Estamos ante unos noticieros en los que al valer todo igual la única clave de organización narrativa es el ritmo. El noticiero tiene que tener ante todo ritmo, el ritmo visual importa mucho más que la espesa y cruda realidad del país. En la información de televisión no hay tiempo para la incertidumbre que vivimos ni para la complejidad de las violencias que sufrimos, ellas no caben!, sólo caben su gesto o mejor su mueca, y su morbo.
En segundo lugar, el tiempo condiciona la información moldeando su elaboración. ¿Cómo se elabora hoy la información de los noticieros, especialmente -pero no sólo- en la televisión?. Como un reality show, como un espectáculo. De ahí que ya no haya para tiempo para la investigación, ni para el análisis, ni para la documentación, porque la investigación, el análisis y la argumentación son mucho menos importantes que el montaje de efectos con el que se construye la simultaneidad del hecho y la noticia, la entrevista en directo. Lo que se elabora durante la preparación del noticiero no es su documentación y análisis sino su teatralidad, esa pequeña obra de teatro que hay que montar cada noche para que la gente no se pase a otro canal. Anudada a un tiempo, que perversamente condiciona la información, se halla la publicidad y especialmente la autopublicidad del noticiero. Desgraciadamente, los "nuevos noticieros" de los canales privados no solo no han traido nada de nuevo sino que han redoblado la autopropaganda: de lo que más hablan los noticieros hoy es de sí mismos, muchísimo más que del país. En eso se traduce la tan cacareada competitividad y sus falsas promesas de diversidad. Con la privatización iban a llegarnos al fin la diversidad y el pluralismo, pero lo único que nos llegó hasta ahora es más de lo mismo y más barato.
En resumen, los medios son hoy un actor fundamental
de lo que está pasando en el país. Son sin duda un actor
de la guerra, y a veces, pocas, son un actor de la paz. Pues el tipo de
temporalidad que producen los ha convertido en dispositivos de borramiento
de la memoria, y por lo tanto de desinformación. Y ¿cómo
ser ciudadanos hoy sin información? En su libro Balsas
y Medusas. Visibilidad informativa y narrativas políticas,
German Rey analiza lo qué hicieron los medios con el largo conflicto
de las Delicias, el de los secuestrados, los desaparecidos y las madres.
Y hace una observación que me parece clave: el contraste entre
la larga duración del conflicto, la lenta resolución de ese
conflicto, y la debil temporalidad, y la fragmentación de
su información. Es decir, la tremenda paradoja entre la lentitud,
las enormes dificultades que enredaron/alargaron ese conflicto, y la versión
light, rápida y fragmentada que el ritmo de la espectacularización
impuso a las noticias.Como si, en este fin de siglo, lo único
contra lo que tuvieran que luchar los medios, fuera el tedio y
el 'stress', y su única arma fuera el ritmo y el espectáculo
visual. Esto lleva a Germán Rey a recoger los hilos que,
en algun momento, permitieron a la información convertise
en relato, romper con la compulsión y la fragmentación
para darse un mínimo de tiempo, una mínima capacidad de desenredar
los conflictos, de acompañar los procesos, de seguirlos, de mantenerlos
en el aire, en pantalla, de mantenerlos vivos en la conciencia y la memoria
de la gente.
2. Recordar/olvidar: las paradojas de la guerra
Sin memoria, no hay futuro, y el que no recuerda
está condendo a la repetición. Pero, ¿quién
es el que recuerda?, y ¿qué memoria es la activada? ¿la
memoria de quien? La chilena Nelly Richard nos alerta sobre el hecho de
que mucha de la memoria recobrada es una traición a la historia,
pues cuando se somete la memoria de las víctimas a la humillación
de ver narrado su pasado, su experiencia y su dolor, en el
neutro y bastardo relato de la actualidad, esa memoria se convierte
en un secuestro, un un robo.
Creo que, en gran parte, el modo como los medios recuerdan en este país produce eso: un relato que funcionaliza la tragedia de las víctimas a los intereses del tiempo rentable, la conversión de la memoria en rentabilidad informativa, la transformación de la actualidad en desmemoria. Pues en la actualidad no cabe la memoria, la actualidad no soporta la memoria, y cuando convierte la memoria en actualidad lo que resulta es una traición a aquellos en nombre de los cuales se dice hacer memoria. De esta manera, la memoria de los desaparecidos es diariamente confundida con la cotidiana demanda colectiva de morbo, de "hechos fuertes", y condenada al flujo invisibilizador de los sucesos.
Y ¿memoria de quién? nos preguntábamos ¿quién hace hoy memoria?. En realidad son muy diversos los modos de recordar, y no hay posibilidad de un discurso que recuerde de verdad sin que la palabra guarde cicatrices. Lo que hoy abundan son modos de recuerdo que acaban siendo una forma de borrar el pasado, de tornarlo borroso, difuso, indoloro.Y una política informacional, no escrita en ningún manual de redacción o de partido, parece sin embargo regular la forma en que el recuerdo debe circular para que no ofenda a nadie, esto es no como memoria viva, lacerante, conflictiva, sino como discurso neutro, indiferente, por más gestos dramáticos que adornen y "dramaticen" ese discurso. No hay memoria sin conflicto, porque nunca hay una sola memoria, siempre hay es una multiplicidad de memorias en lucha. Con todo, la inmensa mayoría de la memoria de que dan cuenta los medios es una memoria de consenso, lo que constituye la etapa superior del olvido. "No hay memoria sin conflicto" significa que por cada memoria activada hay otras memorias reprimidas, desactivadas, enmudecidas,por cada memorias legitimada hay montones de memorias excluidas.
Las madres de la Plaza de Mayo son una memoria reprimida, sin legitimidad, contínuamente devaluada por los medios, salvo algunos pocos han sido son capaces de acompañarlas de cuando en cuando. Evidentemente, la memoria de las abuelas de la plaza de mayo es muy distinta de la memoria que han hecho la mayoría de los partidos políticos en Argentina. Incluso la mayoría de los intelectuales están hartos de las madres de la Plaza de Mayo, hartos de esas 'viejas que no son capaces de olvidar'. Ahí emerge el conflicto de memorias. Mientras lo que los medios buscan es la cuadratura del círculo: una memoria que suprima el conflicto! una memoria que no nos perturbe, una memoria que apacigue, que cierre la herida, pero en falso, una cicatrización en falso. Algo de lo más hondo y decisivo que nos lego la pedagogia de Estanislao Zuleta es que "hay que saber vivir con el conflicto", pues más democrático que reprimirlo o suprimirlo es descifrarlo en lo que tiene de dinámica social y dimensión constitutiva del convivir colectivo. Frente a eso, lo que encontramos en los medios es un recuerdo neutro o revanchista: en ambos casos se trata de un recuerdo instrumental, funcionalizado, incapaz de hacer memoria y de olvidar.
Como nos enseñan textos que se hacen cargo de las vicisitudes de la memoria, en las postdictaduras del Cono Sur, la memoria es tensión irresuelta entre recuerdo y olvido, pues remite de un lado a los miles de rostros reclamados desde las fotos que invocan a los desaparecidos, y por otro, a la escena de los insepultos, de los que no han acabado de morir porque a sus familiares y amigos se les ha negado el derecho al duelo, a terminar de enterrarlos. La memoria esta hecha de una temporalidad inconclusa, que es el correlato de una memoria activa, activadora del pasado y reserva/semilla de futuro. sin embargo esa memoria sólo emerge al desplegar los tiempos contenidos, reprimidos, amarrados por la memoria oficial o negados, neutralizados, por los medios
Hay muchas cosas que necesitamos olvidar para poder convivir, pero la generosidad del olvidar sólo es posible despues de recordar. Por eso hay que poner la memoria a trabajar, al menos en dos oficios o tareas. La primera, des-hacer aquellas cicatrices que cubrieron las heridas sin curarlas. Si las bombas perdidas u ocultas no son des-cubiertas y des-amordazas, nos pueden explotar en las manos cualquier dia. Con lo cual no se trata del "reabrir las heridas", moralistamente condenado por una posición pseudoconciliatoria, como la encontramos tantas veces en este país, sino de desmontar la farsa y falsa explicación con que se recubrió lo que dolía sin que se curara en realidad. Segunda, la memoria evocativa o celebratoria no es la que más necesitamos hoy, porque no es la memoria del pasado sino la memoria de que estamos hechos la que puede ayudarnos a comprender la densidad simbólica de nuestros olvidos, tanto en lo que ellos contienen de razones de nuestras violencias como de motivos de nuestras esperanzas.
"¿A costa de qué olvidos recordamos?" se pregunta Beatriz Sarlo. Pregunta que aplicada a Colombia podria traducirse asi: de qué se está olvidando el país en eso que recuerda, y que nos está impidiendo comprender los sentidos de las violencias que nos rompen?. Investigar la densidad simbólica de nuestros olvidos equivale a darnos la posibilidad de mirarnos unos a otros, de entrelazar memorias de modo que podamos develar las trampas patrioteras que nos tiende la memoria ofical y hacer estallar la engañosa neutralidad con que nos adromecen los medios. En los últimos años el filósofo J. Derrida ha estado trabajando las relaciones entre imagen y espectros, o sea lo que desaparece en lo que vemos. Dice textualmente: "El desarrollo de las tecnologías de comunicación abre hoy el espacio a una realidad espectral. Creo que las nuevas tecnologías, en lugar de alejar el fantasma -tal como se piensa que la ciencia expulsa la fantasía- abren el campo a una experiencia de espectralidad en la que la imagen ya no es visible ni invisible. Y todo esto ocurre a través de una experiencia de duelo, que siempre anillé a la espectralidad en la que nos enfrentamos con la huella, con lo desaparecido, con la no presencia.
Los medios -y este es el segundo oficio que el fin
de siglo parece otorgar les- son máquinas de producción de
espectros. No hay sociedad que se pueda comprender hoy sin esa espectralidad
de los medios de comunicación, sin su referencia a los muertos,
a las víctimas, a los desaparecidos, que estructuran hoy nuestro
imaginario social.Derridá nos da ahí una clave preciosa
para comprender en profundidad la relación de la televisión
con este roto y atormentado país, precisamente por el desproporcionado
peso social y político que ha cobrado la televisión en Colombia.
Frente al gesto grandilocuente de tantos intelectuales que han hecho
de la televisión el chivo expiatorio de nuestra degradación
moral y cultural, yo creo que en este pais es clave que miremos la
televisión para que cada vez que veamos las imágenes de los
muertos, de las madres que gritan por sus hijos, comprendamos que
en la secreta relación entre imagen y desaparición se está
jugando la posibilidad del duelo sin el cual este pais no podrá
tener paz. Pues la desproporción de nuestras violencias quizá
sea paradógicamente proporcional a nuestra incapaz de duelo: ese
tiempo del sentimiento en el que elaboramos las pérdidas
y expiamos nuestros olvidos.
Walter Benjamin, "Experiencia y pobreza" en Discursos interrumpidos, ps.165-175, Taurus, Madrid, 1982
Norbert Lechner, "La democratización en el contexto de
una cultura postmoderna, en Cultura política y democratización,
p254, Flacso/ Clacso/ICI, Santiago, 1987
German Rey, Rey,G, (1998) Balsas y medusas. Visibilidad comunicativa
y narrativas políticas, Cerec/ Fundación social/Fescol,
Bogotá
Nelly Richard, "Políticas de la memoria y técnicas del olvido" en Resíduos y metáforas,ps. 77-127, Cuarto Propio, Santiago de Chile, 1998
Estanislao Zuleta, Colombia:violencia,democracia y derechos humanos, Altamir,Bogotá, 2001
Beatriz Sarlo, "Olvidar a Benjamin", Punto de vista, N° 53, Buenos Aires,1995
Jacques Derrida, "Exordio a los espectros de Marx" in J.Derrida
y otros, La invención y la herencia, Arcis/Lom,Santiago de
Chile, 1996 .
Sobre o autor / About the Author:
Jesus Martin-Barbero
Español-colombiano. Doctorado en Filosofía por la Universidad
de Lovaina y posdoctorado en Antropología y Semiótica en
Paris.
Profesor visitante de la Cátedra UNESCO de Comunicación
en las Universidades de Puerto Rico, Autónoma de Barcelona, São
Paulo y en la Escuela Nacional de Antropología de México.
Fundó el Departamento de Comunicación de la Universidad
del Valle, del que fue Director. Ha sido presidente de ALAIC, miembro del
Comité de Políticas Culturales de CLACSO y miembro del Comité
Consultivo de FELAFACS. Asesor de las revistas Telos (Madrid), Sociedad
(Buenos Aires), Estudios sobre Culturas Contemporáneas (Colima),
Diálogos de la Comunicación (Lima), Travesía (Londres)
y Signo y Pensamiento (Bogotá).